Son muchas las informaciones que hemos recibido a lo largo de estos días, sobre todo después de salir publicado el Estudio de Situación de Consumo del primer semestre de este 2019. Según las cifras y los analistas, podemos respirar un poco de aire, ya que la economía española crece moderadamente. Nuestro PIB podría alcanzar el 2,4% interanual hasta final de año y mantenerse en el 1,9% (casi un 2%) en 2020. Un arranque suave, pero despegue económico al fin y al cabo. Esta tendencia seguirá hasta 2021 donde la estimación es del 1,7%. Es decir, muy cerca del 2% de los niveles estables del PIB.

Un buen augurio, si comparamos con los datos de la Eurozona. Se pronostica que España crecerá más que el conjunto de los países de la UE. El diferencial ascenderá al 1% en 2019 y se reducirá a 0,6% en 2020. Para mantener ese crecimiento 2020, con un 0,3%. Es un crecimiento, y por tanto cuenta. Así que la actitud tiene que ser positiva y de ánimo.

En 2019, ha sido la primera vez en los últimos cinco años que el consumo privado se ha incrementado al mismo ritmo que el PIB (2%). Y aunque estamos en plena trasnformación hacia la Industria 4.0, una tarea de por sí compleja, el índice de producción industrial ha crecido en mayo un 1,8%. Un gran logro a celebrar.

Las importaciones crecieron en el primer trimestre  un 1,6% interanual.  Y el ritmo creciente de la actividad se apoyó en la inversión ascendente hasta el 4,9% interanual. Por tanto, según los datos recopilados se han expandido también las inversiones en construcción con un 4,6%), y las de bienes de equipo con el7,5%.

En el sector de la Industria, los bienes de consumo no duradero se expandieron un 7,5%. Y en Servicios, la  facturación refleja por sexto año consecutivo incrementos. Por ejemplo, en mayo, el aumento interanual fue de un 3,3% por encima de la inflación.

En el segundo trimestre de 2019, la productividad laboral media ha sido igual a la de tres años antes. La metodología de trabajo que hemos conocido hasta el momento va a desaparecer. La era de la transformación digital ya ha llegado para quedarse. Y esto se traslada en la forma de llevar a cabo la actividad laboral. No solo de entenderla y adaptarla, también de ejecutarla. El nivel de formación de la fuerza de trabajo es un elemento clave, aunque muchas veces olvidado, que influye en el funcionamiento del mercado laboral. La incorporación de la robótica y la inteligencia artifical a nuestras vidas y nuestro modo de ganarnos la vida nos está ya obligando s desaprender todo lo adquirido hasta el momento, y a reciclarnos para “sobrevivir” en cualquier tipo de entorno.

El motivo es claro. Cuanto más capacitada esté la población activa, mayores serán las probabilidades de que pueda adaptarse a cambios en el entorno económico, ya sea para pasar de una ocupación a otra, para cambiar de un sector de actividad a otro o para salir de la situación del paro.

Esto se traslada al ente económico-empresarial. La evolución de las empresas pasa por la formación de sus empleados para que se adapten a las necesidades que traerán los nuevovs cambios. Cuanto más preparados estemos todos, más flexible será nuestra fuerza de trabajo y, por lo tanto, mayor productividad, empleabilidad, negocio y consumo.

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